¿Qué es?
La obesidad es el exceso de grasa (tejido adiposo) en nuestro organismo. Los valores normales de grasa corporal son del 12 al 20% en los varones y del 20 al 30% en las mujeres. Así, en términos numéricos, definimos como sujetos obesos a aquellos que presentan porcentajes de grasa corporal por encima del 20% en varones y del 30% en mujeres. Los valores comprendidos entre el 21 y el 25% en los varones, y entre el 31 y el 33% en las mujeres, se consideran límite (sobrepeso).
La determinación de este porcentaje no es sencilla ni rápida de obtener, por ello en el día a día utilizamos un índice que es el llamado índice de masa corporal (IMC; peso en kilogramos dividido por la talla en metros al cuadrado). Para definir la obesidad en los adultos (a partir de los 18 años) se acepta como punto de corte un valor de IMC de 30 kg/m2 o superior, aunque también se han establecido valores superiores al percentil 85 de la distribución de la población de referencia. Los valores de IMC de 25 a 29'9 kg/m2 indican sobrepeso. En la población infantil y juvenil se utilizan como criterios para definir el sobrepeso y la obesidad los valores específicos por edad y sexo de los percentiles 85 y 97 del IMC, respectivamente, empleando las tablas publicadas por Cole el año 2000.
La determinación de este porcentaje no es sencilla ni rápida de obtener, por ello en el día a día utilizamos un índice que es el llamado índice de masa corporal (IMC; peso en kilogramos dividido por la talla en metros al cuadrado). Para definir la obesidad en los adultos (a partir de los 18 años) se acepta como punto de corte un valor de IMC de 30 kg/m2 o superior, aunque también se han establecido valores superiores al percentil 85 de la distribución de la población de referencia. Los valores de IMC de 25 a 29'9 kg/m2 indican sobrepeso. En la población infantil y juvenil se utilizan como criterios para definir el sobrepeso y la obesidad los valores específicos por edad y sexo de los percentiles 85 y 97 del IMC, respectivamente, empleando las tablas publicadas por Cole el año 2000.
¿Cómo se produce?
La obesidad depende de la ingesta (las calorías que cada día entran en nuestro organismo a través de los alimentos) y delconsumo o gasto de energía que hacemos (por la actividad física o por el gasto energético que se deriva de las reacciones metabólicas que se producen continuamente en nuestro organismo).
Podemos considerar nuestro peso corporal como si se tratase de una balanza con dos platillos; uno de los platillos es la ganancia de energía (ingesta) y el otro es la pérdida de energía (consumo). Sobre cada uno de estos dos platillos hay factores que le añaden peso y otros que le quitan peso; por ejemplo, la práctica de ejercicio físico es un factor que quita peso al platillo del gasto (adelgazamos), mientras que el sedentarismo es un factor que añade peso al platillo del gasto (engordamos); de igual forma, un elevado consumo de calorías añadirá peso al platillo de las ganancias o entradas, y un estado de hambruna hará que este platillo pese menos. La suma de todos los factores que influyen en esos platillos harán que la balanza esté equilibrada (normopeso) o desequilibrada (sobrepeso u obesidad en un extremo, o delgadez en el otro extremo).
Sin embargo, no son necesarias unas grandes (y evidentes) ingestas de alimento para ganar peso; con sólo ligeros excesos de calorías cada día (ganancias no evidentes) pero mantenidos durante varios años conduce a ganancias de varios kilos de peso.
Conocemos que hay factores hormonales y factores nerviosos que regulan uno de esos platillos de la balanza, el platillo de las entradas o ingresos de energía, es decir, el apetito. Por ejemplo, hormonas como la leptina, que inhibe el apetito y aumenta el gasto energético. O factores de la esfera nerviosa psicológica, como las creencias culturales acerca del culto al cuerpo que tiene nuestra sociedad y que castiga la obesidad y equipara delgadez con armonía, belleza, prestigio y éxito, que actúan inhibiendo el apetito y que nos harán comer menos y perder peso. O si tenemos el estómago lleno se producen sustancias en el tubo digestivo, como la colecistocinina (sintetizada en el intestino delgado) o el péptido YY (sintetizado en el intestino delgado), que alcanzan el cerebro y le indican el cese de la ingesta de más alimento; o al contrario, la grelina, sintetizada en el estómago y que estimula el comer. El azúcar que tenemos en sangre, cuando desciende mucho, provoca sensación de hambre. Todas estas señales (hormonas, factores psicológicos, factores culturales, estímulos nerviosos…) llegan a una estructura cerebral conocida como hipotálamo, que constituye el centro regulador del apetito.
Nuestros genes pueden regular todo este entramado de señales y pueden ayudar a que una persona sea obesa, pero salvo en muy pocas circunstancias, no son los responsables de la obesidad. Por ejemplo, la falta de leptina en el hipogonadismo hipogonadotrófico, una enfermedad genética rara que cursa con obesidad entre otras alteraciones más.
Nuestros genes pueden regular todo este entramado de señales y pueden ayudar a que una persona sea obesa, pero salvo en muy pocas circunstancias, no son los responsables de la obesidad. Por ejemplo, la falta de leptina en el hipogonadismo hipogonadotrófico, una enfermedad genética rara que cursa con obesidad entre otras alteraciones más.
Existen otras enfermedades más frecuentes y no genéticas donde la obesidad es un elemento más. Es la llamada obesidad secundaria. Ejemplos de esta obesidad son ciertos problemas endocrinológicos como el síndrome de Cushing (por aumento de cortisol), el hipotiroidismo (por déficit de hormonas tiroideas), ciertas formas de enanismo (por lesiones del hipotálamo que causan déficit de hormona del crecimiento), el insulinota, el síndrome de ovario poliquístico, y las lesiones en el hipotálamo (craneofaringioma, traumatismos o infecciones).
En resumen, la obesidad primaria, la más frecuente, tiene un origen no conocido y se debe al aumento del aporte de energía, a la disminución de su consumo, o a una combinación de ambos factores. En el desarrollo de esta obesidad intervienen factores genéticos, metabólicos, hormonales, nerviosos y ambientales. La obesidad secundaria tiene una causa identificable y, en algunos casos, tratable médicamente, y potencialmente curable.
Síntomas
Los problemas de salud asociados a la obesidad son:
- Hipertensión arterial
- Diabetes mellitus tipo 2
- Alteraciones de las grasas de la sangre, con aumento de triglicéridos y disminución del colesterol de las HDL
- Enfermedades cardiovasculares como angina de pecho, infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, ictus cerebral,aneurisma en aorta abdominal, etc.
- Aumento del ácido úrico y gota
- Síndrome del ovario poliquístico
- Acantosis nigricans, que es un trastorno que se manifiesta por oscurecimiento y engrosamiento de los pliegues cutáneos del cuello y codos, y en los espacios que hay entre los dedos
- Lesiones del riñón: glomerulopatía por obesidad
- Artrosis y dolores en articulaciones que soportan peso como rodillas y caderas
- Dolor de la columna lumbar
- Síndrome de túnel carpiano
- Ginecomastia en hombres
- Alteraciones menstruales y pérdida de la menstruación en mujeres
- Infertilidad
- Dificultad y mayor trabajo para respirar
- Cese o disminución de la respiración durante el sueño
- Enfermedad por reflujo gastroesofágico
- Hígado graso no alcohólico
- Cálculos biliares
- Hernias abdominales e inguinales
- Fragilidad de la piel, sobre todo en los pliegues, con frecuentes infecciones por hongos
- Estrías gravídicas
- Hiperpigmentación en las piernas por estasis venosa crónica
- Piernas hinchadas
- Celulitis
- Varices en las piernas
- Trombosis en las piernas
- Incontinencia urinaria
- Cánceres: en varones el de esófago, colon, recto, páncreas, hígado y próstata; en mujeres el de vesícula biliar, conductos biliares, mamas, endometrio, cuello uterino y ovarios
- Depresión y baja autoestima
- Trastornos del comportamiento alimentario: bulimia nerviosa
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